San
Isidro de Lules(Home Page).
Zoilo
Dominguez.
Eliseo
Cantón.
En representación del pueblo de San Isidro de Lules, venimos a solicitar, se levante cualquier clase de interdicción eclesiástica que pesare sobre nuestra capilla fundacional, de acuerdo a los argumentos que pasamos a detallar.
El 20 de noviembre de 1851 el presbítero doctor Zoilo Domínguez solicitó licencia para levantar en unos terrenos de su propiedad, a la entrada de la quebrada de los Lules y en la margen sud del río del mismo nombre, una capilla donde se pueda venerar al patrono de los agricultores San Isidro Labrador y a la Virgen de las Nieves.
La licencia le fue concedida fijándose las condiciones estrictas reglamentadas por la liturgia católica y con la condición de que el mantenimiento del culto fuera costeado por el mismo fundador.
Al morir el padre Zoilo, su hermana Zoila, en representación de todos sus hermanos, solicitó licencia para continuar con la misma tarea de su hermano, comprometiéndose a seguir manteniendo el culto y la capilla en las condiciones necesarias.
El padre Zoilo murió en Santa María, desde donde sus restos fueron trasladados hasta este pueblo de San Isidro por él fundado y depositados en la cripta de la capilla. Sus hermanos le dedicaron una placa de mármol que aún hoy podemos apreciar dentro de este recinto sagrado.
Muerta Zoila Domínguez, su hermana Isabel Domínguez y su esposo don Eliseo Cantón se hicieron cargo del mantenimiento del culto para lo cual vinieron a vivir a la casa aledaña para mejor proveer las necesidades cotidianas dedicándose a obras pías y a colaborar en la organización social del pueblo que había comenzado a crecer, haciendo donaciones de su propio peculio.
El señor Eliseo Cantón ,padre del medico, murió el 13 de setiembre de 1900, siendo su cuerpo depositado también en la cripta de la capilla, lo mismo que el de Zoila Domínguez su cuñada.
La señora Isabel Domínguez de Cantón obtuvo licencia de patronato sobre la capilla para ella y para sus descendientes, obligándose a seguir haciéndose cargo del mantenimiento ,obteniendo a cambio el derecho de ser inhumados en la misma. Cumpliendo con este mandato, cuando la casa fue destruida por un incendio, su hijo el doctor Eliseo Cantón, la hizo reconstruir en la forma en que ahora se encuentra.
La señora Isabel de Cantón murió en 1913 siendo sus restos inhumados en la cripta de la capilla.
A cargo del mantenimiento y del patronato quedó su primogénito, el doctor Eliseo Cantón, quien siguió, desde Buenos Aires, corriendo con los gastos del mantenimiento y visitando la capilla todos los años.
El doctor Eliseo Cantón murió en 1931; su cuerpo fue incinerado y sus cenizas, encerradas en una urna, fueron trasladadas a Lules y enterradas en el ángulo sudeste del patio interior de la casa vecina a la capilla, donde su madre Isabel había plantado una enredadera de jazmin.
Al enterarse de la muerte del doctor Eliseo Cantón y de que sus cenizas eran trasladas al pueblo de San Isidro, el obispao de Tucuman monseñor Agustin Barrere ,ordenó al cura párroco, padre Miguel Resser, que abandonara la capilla para que las cenizas del mazon no profanaran el templo,con lo que el recinto quedó desde entonces abandonado y cerrado al culto.
Aquí es necesario hacer una aclaración: en el juicio sucesorio del doctor Eliseo Cantón, el ingeniero Lorenzo Cantón y el doctor Francisco Cantón, hacen una presentación solicitando que la justicia haga cumplir la voluntad de su hermano.
Esa voluntad consta de dos partes: la primera, que sus restos sean incinerados; la segunda, que sus cenizas sean depositadas en la Capilla de Lules, provincia de Tucumán, sobre cuya fundación el causante ejercía el patronato. La primera parte fue cumplida incinerándose los restos con la intervención y consentimiento expreso dado por escrito por los hermanos y por la hija del causante, la señora Elena Cantón de Fernández Blanco.
La segunda parte de la voluntad del doctor Cantón no se cumplía por lo que expresa su hija: "porque aún partiendo de la hipótesis de que mi padre hubiera decidido el traslado inmediato de sus cenizas, existen razones poderosas para su postergación, y es la oposición de la curia eclesiática que, como es notorio, considera a la cremación como un acto contrario a la religión cristiana".
Existía al respecto una resolución de la curia de Buenos Aires fechada el 14 de diciembre de 1925 cuya parte final dice así:
"Este delegado de su Ilustrísima no puede autorizar
el depósito en ningún templo católico de urnas con
cenizas de cremados y deberá ser rechazado a su punto de partida
todo envío de las mismas".
Firmado Fortunato J. Boto, delegado del administrador apostólico.
Un telegrama urgente desde Tucumán alertaba sobre la situación:
"República Argentina. Telégrafo de la nación. Milio Fernández Blanco Junín 1054. Buenos Aires. Procedencia Tucumán. Urgente. Informa la curia que inhumación de restos cremados no permitirá celebrar misas en la capilla mientras esas cenizas permanezcan allí. Avise Lorenzo y Francisco (Cantón). Fdo. López Domínguez."
Sin embargo, una atenta lectura de la voluntad expresada por el doctor Eliseo Cantón en una conferencia que denominó: "Reflexiones históricas sobre prácticas funerarias", solucionaba todos los conflictos.
En dicha conferencia dada el 7 de mayo de 1926 y publicada en el Boletín de la Asociación de Cremación, año V, nº 11, Buenos Aires, junio de 1927, dice textualmente:
"Sólo, sí, deseo que mis cenizas sean trasladadas a mi querida Tucumán y enterradas en aquella capilla de Lules fundada por el Dr. Zoilo Domínguez enfrentando la majestuosa quebrada perpetuadora del nombre y de la valiente tribu de los indios lules ENTRE LA RAIGAMBRE DEL SECULAR JAZMIN que la ornamenta a fin de que sus flores, vivificadas por nuevos elementos nutricios, se vuelvan más perfumadas y embalsamen mejor el ambiente donde descansan mis padres venerados, hermanando así un doble idealismo entre la fe católica y la fe científica que profeso".
Hoy en la Iglesia Fundacional existe un cuadro con restos del secular jazminero,que se logro rescatar pegados de los añejos muros ,que explican este error de interpretacion de la voluntad del medico Canton.
Consultadas las autoridades eclesiásticas de Buenos Aires sobre el tema, éstas determinaron que no afectaba al culto ni a la capilla el hecho de que las cenizas del doctor Cantón fueran depositadas fuera del recinto sagrado.
Cumpliendo, pues, con esta voluntad, el ingeniero Lorenzo Cantón, el doctor Francisco Cantón y el doctor Milio Fernández Blanco, trasladaron la urna hasta Lules enterrándola en el lugar indicado sin pasar por la capilla que permaceció cerrada.
Hasta aquí los hechos tal como sucedieron y por los que comprobamos que no hubo ningún interés por parte del doctor Cantón ni de sus herederos, en llevar a cabo un acto que pudiera indicar algún intento de irrespetuosidad para con el culto sagrado al que hasta entonces mantuvieron.
Como bien lo dice el doctor Cantón, su anhelo era descansar cerca de sus padres ,fuera del recinto sagrado que guarda sus restos y entre las raices del jazminero. Su padres representaban lo más querido para él y respetaba sus creencias, y pensaba que un acto de esa naturaleza serviría de hermanamiento entre la religión representada por ellos y la ciencia representada por él.
De modo que llegamos a la conclusión de que todo se debió a un lamentable malentendido que, por razones que desconocemos, no fue aclarado y reparado a su debido tiempo.
Todos nuestros elementos de pruebas fueron extraídos:
- a) del archivo de la provincia de Tucumán.
- b) del juicio sucesorio del doctor Eliseo Cantón que se encuentra en el archivo histórico de los Tribunales de Buenos Aires bajo el nº 17.228;
- c) como última y más valiosa prueba presentamos la grabación de un reportaje realizado a una persona que estuvo presente cuando se desarrollaron los hechos y que lamentablemente murió este año: el señor Vicente Nasca. Este reportaje fue realizado por el doctor Angel R. Escobar el 10 de mayo de 1993, en el domicilio del señor Nasca, calle Montegudo 155, San Migue de Tucumán.
Por todo lo antedicho acudimos al Señor Arzobispo Coadjutor de Tucuman,Mons. Carlos Jose Ñañez solicitando la reparación histórica de este hecho.
Dicha reparación constaría de dos partes:
- a) levantamiento de cualquier clase de interdicción eclesiática que pudiera pesar sobre nuestra capilla fundacional y
- b) autorización para que dicha capilla abra nuevamente sus puertas en forma oficial y sea librada nuevamente al culto divino.
Consultados los archivos de la curia y al no encontrarse ninguna sanción escrita el Arzobispo en persona se presento el 20 de Noviembre de 1996 para celebrar los 145 años de la fundación de San Isidro de Lules con lo que se dió por cerrada toda interpretación de sanción ecleciastica a la Iglesia Fundacional.
De ese histórico día rescatamos los siguientes hechos: