San
Isidro de Lules(Home Page).
Los
Dos Templos.
El
Petitorio.
Zoilo
Domínguez.
Eliseo
Cantón.
El doctor Eliseo Cantón murió en Buenos Aires el 20 de junio de 1931. El padre Miguel Resser, párroco de la Parroquia San Isidro Labrador, estaba acongojado: las noticias llegadas de Buenos Aires no eran halagüeñas. Había muerto el Dr.Eliseo Cantón a quien las nuevas generaciones conocían sólo de oídas y alguna vez habían visto pasear por la plaza del pueblo su alta figura. Y lo que más le preocupaba era que los restos del Dr. Cantón habían sido incinerados en el crematorio municipal, de acuerdo a la voluntad del extinto.
Los viejos pobladores estaban perturbados: habían escuchado acerca de la voluntad de Cantón de ser enterrado en la capilla del pueblo, como le correspondía por haber heredado de su madre ese derecho, pero, al hacerse cremar, la Iglesia no permitiría cumplir con ese su último deseo. Existía al respecto una resolución de la curia de Buenos Aires, fechada el 14 de diciembre de 1925, cuya parte final decía así:
"Este delegado de su Ilmma. Señor administrador apostólico no puede autorizar el depósito en ningún templo católico, de urnas con cenizas de cremados y deberá ser rechazado a su punto de partida todo envío de las mismas". Fortunato J. Boto, delegado del administrador apostólico.
La propia curia de Tucumán hizo saber a su hija Elena que se oponía a la inhumación de las cenizas en la capilla de Lules, bajo amenaza de no permitir la celebración de oficios religiosos en la misma, lo que prácticamente significaba la clausura de la iglesia. Había un telegrama al respecto dirigido al Dr. Milio Fernández Blanco que decía:
"Informa la Curia que inhumación de restos cremados no permitirá celebrar misas en la Capilla mientras esas cenizas permanezcan allí".
El solo anuncio de que serían inhumadas las cenizas en la capilla, había despertado verdadera intranquilidad en el pueblo. Corrían rumores de que la curia ya discretamente había comenzado a retirar de la iglesia todo lo que pertenecía al culto religioso.
También se sabía que la hija de Cantón, había iniciado gestiones tendientes a que esta resolución de la curia sea modificada y que "le parecía insensato presentarse en Lules con las cenizas sin antes haber solucionado el conflicto, exponiendo así a la clausura de la iglesia que sería interpretada por ese pueblo ingenuo y creyente como una profanación y que redundaría en grave daño a la memoria de mi padre".
El parroco Miguel Resser, sabía que no lo esperaban momentos tranquilos. No los pasaba desde hacía mucho tiempo, como consecuencia de las desinteligencias que se mantenían con los encargados de la custodia de la capilla por parte de la familia Cantón Domínguez. Debido a esto y, merced a una donación de doña Sinforosa Márquez Molina, se estaba construyendo lentamente una nueva capilla. Pero las obras estaban muy atrasadas.
El domingo 28 de junio de 1931, la capilla era un hervidero. Parecía que todo el pueblo se había dado cita para recibir las últimas noticias, sin saber que sería la última vez que se celebrarían allí los oficios religiosos. Todos esperaban la palabra del cura. Pero lo único que sabía el padre Resser era que ese día, había salido desde la estación de Retiro, un comisión de parientes y amigos que trasladaban la urna con las cenizas a Tucumán. La hija, a pesar de su enfermedad, había concurrido a la estación para despedir desconsoladamente a su padre. Ella hubiera deseado mantenerlo con ella, pero debía respetar la voluntad paterna.
El lunes 29 de Junio ,llegó a la estación de Lules la comisión con la urna. La pequeña comitiva recorrió solemnemente la calle Rafael Padilla y luego dobló por la calle Eliseo Cantón ,en dirección a la Plaza de San Isidro.
No hubo acompañamiento oficial, ni tañidos de campana anunciando la infausta nueva. Las calles estaban vacías y la gente miraba desde las ventanas semicerradas el paso del cortejo. Las autoridades de Lules, decidieron no tomar parte en la ceremonia, que más se asemejaba a un rito secreto. La comisión llegó a la plaza y, ante lo que parecía una indiferencia total de la población, entró a la vieja casa sin pasar por la capilla, que olía a incienso y soledad.
Francisco Cantón, conocía el lugar donde quería descansar su infortunado hermano: era la esquina sudoeste del patio interior de la casa debajo de la columna en la que se enroscaba el viejo jazmín trepador. Hicieron cavar allí la fosa y depositaron en ella la urna. Fernández Blanco puso sobre ella un ramo de olorosos jazmines blancos, que su esposa le encargara y cerraron la fosa. No hubo discursos: sólo un minuto de reflexión y después se alejaron para no volver jamás.
Cantón estaba de regreso a su niñez, a su adolescencia, a la escuela, al jazmín trepador. A la quebrada. A los momentos de serena paz que había pasado alli sentado en la vieja hamaca. A todo aquello que había significado algo muy importante para él y que quedó congelado en su mente en el momento del último suspiro.
La capilla siguió cerrada siendo su presencia una constante de
perturbación en el centro del pueblo debido a su estado ruinoso
y a las leyendas que la envolvieron con un halo de misterio y resquemor.
Fue paulatinamente despojada de sus estatuas, mobiliario y placas recordatorias.
Su campanario ya sin campanas se rindió a la pesadumbre del tiempo,ayudado
por quienes les es más fácil destruir que construir. Incluso,
en un acto inconsulto y desprovisto de toda lógica, la estatua de
Zoilo Domínguez inaugurada por Cantón
en 1930 fue retirada de su frente y su pedestal de granito, destruido.
El día domingo 16 de enero de 1994, un imprevisto huracán azotó la ciudad de Lules, causando severos estragos siendo afectada principalmente la Iglesia Parroquial, cuyos techos fueron levantados por el viento al igual que la casa del cura, mientras la Vieja Capilla, permanecía incólume a pesar del paso del tiempo y la falta de mantenimiento.
Esto dió lugar a que después de 63 años, y superadas las viejas aprensiones, la capilla fuera nuevamente abierta por el padre Miguel Alderete Garrido para el culto religioso, mientras era reparada la nueva iglesia. A partir de entonces "LA IGLESIA VIEJA" seria llamada "IGLESIA FUNDACIONAL".(Foto del comienzo de los trabajos de restauracion.1996).
Desde este día la población católica tuvo que superar grandes pruebas espirituales y materiales que la hicieron madurar como el hierro en el fuego. Las misas y ceremonias religiosas se celebraron al aire libre hasta la terminación del actual templo, inaugurado el 29 de Diciembre de 1996 por el Arzobispo Coadjutor de Tucuman Carlos Jose Ñañez.
Decidido a encontrar los restos del Padre Dr. Zoilo
Domínguez, el padre Miguel, su diacono Amadeo Tonello y un grupo
de hombres de fe ,abrieron la cripta de la capilla y ubicaron allí
el cajón con los restos del infortunado fundador del pueblo.
El feretro fue restaurado por don Miguel Pedraza y en una tocante ceremonia,el
26 de junio de 1996 ,de la que tomó parte todo el pueblo de Lules,
el cajón fue depositado en caja de cristal construida por Hector
Bongiovani y coronado por la placa de mármol que sus hermanos le
dedicaran.
El Diacono Amadeo bajando a la Cripta.
Era el 8 de junio de 1996, cuando a primera hora de la mañana, abrieron la vacia y fria capilla de la que se escaparon dos lechuzas y algunos murcielagos.
Dijo el Padre Miguel: "Bajamos con escalera, piolas y ayudados por una luz pudimos reconocer el feretro de Don Zoilo. La tapa de madera no existía, lo cual dejaba ver claramente el estuche de plomo que guardaba los restos y sobre todo la parte del rostro que se encontraba libre de toda protección, por lo que el cuerpo se exponía a aquel humedo y frío ambiente de la cripta".
En la cripta encontraron cuatro cajones. Arriba a la izquierda el de
Don Zoilo, en madera tallada con finas manijas de broce, que sobresalia
en mucho por su calidad.
Abajo
el de su hermana la señorita Zoila. Mientras que a la derecha muy
dañados y con solo un poco de polvo el de Eliseo Canton y el de
su Señora doña Isabel Dominguez.
A pesar de estar expuesto a las inclemencias ambientales, el cuerpo de
Don Zoilo se mantenia admirablemente después de 131 años,
al igual que sus ropas clericales de la que se pudieron observar con claridad
el cuello y las puntillas del alba a la altura de las mangas.
El Padre Miguel entrego luego en tocante ceremonia estas puntillas depositadas
en una urna, a la Parroquia "Ntra. Sra. del Carmen" de
Famailla, donde Don Zoilo fue párroco y donde él mismo se
crió y celebró su Primera Misa.